Hábitos atómicos (I)
Las ideas fundamentales
¡Hola hola! 👋
Pues sí. Ha llegado el día y no he fallado a mi cita.
Es para estar orgulloso.
Y creo que, además, la serie que empezamos hoy me viene al pelo para seguir afianzando la rutina de escribiros cada semana.
El hábito de compartir lo que creo.
Si eres nuevo o nueva por aquí, en las últimas dos semanas fui actualizando el estado de este proyecto e informándoos de qué se venía a partir de ahora.
Si tienes curiosidad, te dejo por aquí la edición en la que lo explicaba al detalle.
Pero vamos a lo importante. A lo que nos tiene hoy aquí reunidos.
La hoja de ruta de las próximas semanas se centra en destripar las ideas principales de Hábitos Atómicos en cuatro ediciones.
La de hoy os servirá de brújula 🧭.
Veremos las ideas y principios fundamentales del libro.
Las dos siguientes ediciones entran de lleno en las cuatro leyes para construir buenos hábitos y deshacer los malos.
La cuarta cierra con tácticas avanzadas para cerrar el recorrido.
Una vez tengamos esto, la idea es empaquetar todas las ilustraciones que he creado para el libro y ponerlas en un formato bonito que os permita tener, en un solo lugar, sus ideas más potentes en un formato que os sea fácil de recordar e implementar.
Y esto me sirve para adelantaros lo que hará que este proyecto sea sostenible en el tiempo.
Para esta serie (y para las próximas) estoy creando más ideas visuales de las que caben en una edición.
Muchas más.
En las ediciones semanales os compartiré las esenciales.
De cara a futuras series, habilitaré un apartado premium 💰 y al final de cada edición añadiré algunas ideas visuales extra.
Además, una vez demos por concluida la serie de cada libro, os daré acceso a ese resumen definitivo del libro en formato visual.
Aún he de decidir cómo hacerlo.
Igual un PDF bonito. O una página de Notion compartida. O una edición completa para suscriptores de pago. Ya veré cómo.
Como ya sabéis, me gusta ser 100% transparente.
La motivación por crear y compartir ha vuelto, pero requiere de varias horas semanales que podría dedicar a otras cosas, así que he de intentar que esto sea sostenible a largo plazo.
Ya os contaré mejor, que hoy estamos aquí reunidos por otro motivo.
Así que lo dicho.
Vamos a hablar de hábitos.
Hábitos Atómicos es uno de esos libros a los que vuelvo de vez en cuando.
Cada relectura me ha encontrado en un momento distinto y siempre he sacado algo nuevo.
Lo que viene a continuación son las cinco ideas que considero imprescindibles.
Y como ya os he metido una buena chapa en la introducción, no me extiendo mucho más.
¡Al lío! 💡+✏️
El impacto de un 1%
Esta es una de las ideas más conocidas y compartidas del libro.
Y con razón.
Cuando pensamos en implementar un nuevo hábito en nuestra vida, nos solemos imaginar un cambio drástico de hoy a mañana.
Y eso, amigo mío, no funciona así.
Los cambios duraderos y perdurables lo son porque son graduales.
Pequeños pasos (en la dirección correcta) que te acercan a la versión en la que te quieres convertir.
Mejorar un 1% al día durante un año te convierte en una persona completamente distinta.
Empeorar un 1% al día durante un año igual.
Las pequeñas decisiones, sostenidas en el tiempo, se acumulan. Tanto las buenas como las malas.
La meseta del potencial latente
La idea del 1% se complementa muy bien con otra de las más potentes del libro.
Tiene un nombre muy grandilocuente, así que déjame que lo explique de forma sencilla.
Cuando empiezas a construir un hábito, lo lógico y lo que todos esperaríamos es que el progreso fuera más o menos lineal.
Te esfuerzas un poco, mejoras un poco.
Te esfuerzas el doble, mejoras el doble.
Pero ay, criatura… tengo malas noticias.
Déjame que te adelante que los resultados que esperas van a estar por debajo de tus expectativas durante muuuucho más tiempo del que crees.
Y entre lo que esperas que pase y lo que de verdad está pasando hay una etapa jodida en la que parece que no avanzamos nada.
Pero sí.
Sí está pasando.
Solo que aún no es perceptible.
La gente que abandona los hábitos no falla por flojera.
Falla porque, al no ver resultados inmediatos, se frustra y lo deja.
A unos pocos metros de empezar a notar el resultado real.
Saber que esa etapa jodida existe es media batalla.
La otra media es aguantar, apretar los dientes y seguir.
Deja de pensar en metas. Piensa en sistemas.
Esta también pega bastante duro.
Las metas son el objetivo que quieres conseguir.
Los sistemas, el proceso… son el camino que te lleva hasta esta.
El problema de obsesionarte con la meta es que solo la disfrutas el día que la alcanzas.
¿Meta cumplida? Pues venga, vamos a por otra cosa.
El sistema, en cambio, es algo que vives todos los días.
Hay una frase que siempre tengo presente y que aprovecho para compartirte.
El marcador se encarga de sí mismo
Cuando dos equipos se enfrentan, la meta es la misma. Ganar el puto partido.
Los sistemas y las tácticas de cada equipo es lo que marca la diferencia y lo que hace que el Barça del señor Hansi Flick nos haga disfrutar tanto. (Perdón a mis lectores/as del Madrid, pero tenía que decirlo).
Tres capas: motivación, sistemas, identidad
A la hora de intentar cambiar algo en tu vida, hay tres niveles.
Cada uno es más profundo que el anterior, y cada uno aguanta mejor el paso del tiempo.
En primer lugar, están los que empiezan por pura motivación.
La mayoría, vamos. El mundo está lleno de motivaos. Una vez esa motivación se esfuma, se acaba el cambio.Después están los que se vienen arriba y construyen sistemas.
Diseñan rutinas, momentos, procesos para no depender de cómo se sienten ese día. Llegan más lejos.En la cúspide están los que lo convierten en parte de su identidad.
Yo no “intento ir al gimnasio tres veces por semana”. Soy una persona que entrena. Ese cambio sutil de cómo te ves a ti mismo es el que sostiene un hábito durante años, no semanas.
Cada decisión cuenta
Y con esta idea, cerramos por hoy.
Ante cualquier situación en nuestra vida, se nos presentan dos (o más) decisiones.
Tú decides si quedarte rezongando en la cama o levantarte e ir a entrenar.
Si comerte ese trozo extra de pizza o quedarte bien como estás.
Tomar decisiones constantemente es agotador, lo reconozco.
De ahí la importancia de la idea anterior. La de esculpir una identidad que perdure en el tiempo y que guíe tus decisiones.
Cada vez que cumples con tu hábito, le estás dando un voto a la persona en la que te quieres convertir.
Cada vez que te lo saltas, votas en contra.
En cada momento del día, en cada decisión pequeña, eliges una de las dos urnas.
No hace falta que cada decisión sea perfecta y te conviertas en un ser de luz.
Con que la mayoría tiren hacia el mismo lado es suficiente.
Hasta aquí la entrada a la serie de Hábitos atómicos.
Espero que la hayáis disfrutado.
En la próxima edición veremos varias ideas sobre las dos primeras leyes que propone James Clear para construir buenos hábitos y deshacer los malos: hacerlo obvio y hacerlo atractivo.
Nos leemos la semana que viene.
💌 Si quieres adaptar mis ideas visuales a tu marca o empresa, escríbeme a hola@alexmaese.com.
🤗 Si te ha molado, siempre puedes hacerme un favor y compartirlo.
🌱 Si eres CEO o manager y quieres aprender a trabajar mejor para vivir mejor, en Senda te podemos ayudar.
Un fuerte abrazo,









Extraordinaria iniciativa. Este proyecto me hace acordar al club de lectura visual que lleva adelante Doug Neill en verbaltovisual y en su canal de youtube donde destila las ideas esenciales de libros relevantes, y en ese proceso profundizar realmente para hacer cambios reales a través de la aplicación
Eres único trasladando información compleja a sencillas/entendibles ilustraciones :)