Hábitos atómicos (II)
Las dos primeras leyes: hacerlo obvio y hacerlo atractivo
¡Hola hola! 👋
Álex a los mandos, una semana más.
Ya van dos semanas seguidas que no fallo. Igual podemos decir que lo de los hábitos está funcionando.
Y está bien que sea así, porque estamos a apenas dos meses de que Daniela complete nuestra familia y tener una serie de hábitos adquiridos me será de mucha utilidad para entonces.
Aprovecho esta introducción para daros las gracias por la acogida que está teniendo este nuevo rumbo en Ideas Visuales. ¡Esperemos que siga así!
En la edición de la semana pasada os presenté las ideas principales de Hábitos Atómicos.
Si te la perdiste, igual es buena idea que le eches un vistazo antes de seguir.
Te la dejo por aquí.
En la edición de hoy, vamos a empezar a profundizar y a hablar sobre algunas estrategias para que te sea más fácil empezar a desarrollar buenos hábitos (y dejar algunos nocivos, también).
¡Al lío! 💡+✏️
Las mismas cuatro fases. Siempre.
Vamos a empezar explicando las cuatro fases que siguen todos los hábitos.
El ejemplo que he usado en la idea visual creo que habla por sí mismo, pero es aplicable a cualquier otra situación.
Todo hábito se desencadena por una señal del entorno. En este caso, una notificación
Esa señal nos activa un anhelo. Un deseo por saber qué carajos es esa notificación. Tú no quieres tener el móvil en la mano. Quieres saber qué te va a ofrecer esa notificación
La respuesta es lógica. Coges el móvil y lo desbloqueas.
Ahí llega tu recompensa. Tu tía y tu madre te han dejado un par de likes en una foto antigua de Instagram. No es lo que esperabas, pero ha generado un chute de dopamina en algún momento del proceso.
La próxima vez que recibes una notificación, pasa lo mismo. La recompensa puede variar, pero el hábito está creado.
Este ejemplo es probablemente uno de los más obvios, pero lo puedes llevar a casi cualquier situación de tu día a día.
Cada una de las cuatro leyes del libro actúa sobre una de estas fases.
Interioriza esta idea visual, que es importante. E intenta pensar en hábitos actuales y cómo se trasladan a esta.
Bajo cada anhelo, hay algo más profundo
La primera ley para desarrollar un hábito es la de “hacerlo obvio”.
Esta se relaciona directamente con la fase del anhelo, que casi siempre es la puntita de algo mucho más profundo.
Si seguimos con el ejemplo anterior, tú no quieres mirar el móvil. Eso no te aporta nada.
Lo que quieres es evadirte un rato. O no enfrentarte a lo que sea que tienes que hacer en ese preciso momento.
Tú tampoco quieres esa cervecita a las 8 de la tarde. Quieres aliviar un poco la tensión del día y sentir que “este largo día ya se acaba”.
Los hábitos que tienes hoy en día no dejan de ser una de las muchas respuestas posibles de tapar un deseo mucho más profundo.
Es la respuesta obvia que el entorno te facilita.
Pero hay muchas otras respuestas posibles.
Si identificas qué hay debajo de ese anhelo, puedes intentar redirigirlo.
Ese rato de aburrimiento se puede matar tanto con 20 minutos de doomscrolling en TikTok como con 20 minutos de leer un libro.
Lo mismo con la tensión acumulada del día: un paseo de 15 minutos te funcionaría bastante mejor que una segunda cerveza.
Y ojo, que soy consciente de que es muy fácil venir, vomitar unas cuantas palabras y quedar como que yo siempre hago todo perfecto.
Nada más lejos de la realidad.
Pero saber que detrás de cada anhelo hay algo más profundo me ayuda a pensar en por qué hago lo que hago.
No dependas solo de la motivación
Vale. Muy bien. Ya tienes claro que debajo de cada anhelo hay algo más profundo.
Pero con saberlo no basta.
Y con estar motivado para cambiar la respuesta que das por defecto, tampoco.
Pagas los 50 pavos de matrícula del gimnasio porque te has venido arriba.
Te unes al club de las 5 de la mañana porque has visto a un tipo infeliz en Instagram, con un vídeo editado como si hubiera salido de Hollywood, decirte que su vida ha cambiado desde que se ha convertido en un autómata.
Pero ese chute de motivación se esfuma más rápido de lo que llegó.
Y no es porque seas un desastre, no.
Es que así es cómo funciona la motivación.
Sube y baja más que las criptos.
Depende del día. De cómo has dormido. De si se levanta nublado o no.
Joder. Aquí un servidor tiene el hábito de levantarse a las 6, prepararse un café, limpiar el arenero de los gatos mientras se calienta la cafetera, sentarse delante del ordenador a leer, escribir o crear ideas visuales durante 45 minutos y después se va al gimnasio.
Y hay días que cuesta. Cuesta mucho.
Sin ir más lejos, hoy es uno de esos. Pero aquí estoy. Picando piedra. Pensando a largo plazo. Intentando consolidar hábitos.
Hábitos que te hacen actuar cuando toca, no cuando te apetece.
Y es así, según mi experiencia, como llegan los resultados.
Pese a ello, hay días en los que fallo. Que me quedo un rato más en la cama. O que no me apetece leer y quiero jugar un rato a Pokémon. Es lo que hay. Ojalá fuera perfecto, pero no es así.
Pero sé que a largo plazo, los sistemas que estoy desarrollando ganan a la motivación.
Dos caras de una misma moneda
La primera ley para desarrollar hábitos duraderos (o eliminar hábitos actuales) es, en mi experiencia, la que más impacto genera con menos esfuerzo.
Y tiene que ver, cómo no, con el entorno.
Una de las máximas que más me oirás leerás es que el entorno lo condiciona todo.
Pongamos el ejemplo de una persona que se marca como objetivo estar más sana y en forma.
¿Cómo crees que le será más fácil desarrollar hábitos que estén alineados con su nueva identidad?
Si cada vez que abre su armario tiene a 10 centímetros de su nariz un paquete de galletas, patatas fritas y otras cosas súper estimulantes, por mucho que tengas una voluntad de hierro es inevitable que algún día caigas.
Si esas mismas patatas están en la estantería superior y has de utilizar algo para subirte, ya es más difícil.
Si no tienes, muy fuerte ha de ser tu deseo como para que bajes a comprarlas.
Lo vuelto a repetir.
El entorno lo condiciona todo. Así que diséñalo para que juegue a tu favor.
Cuando me siento a escribir, no tengo el móvil a mano. Y uso bloqueadores para no poder acceder a periódicos deportivos, Twitter y demás.
Puedo tirar de fuerza de voluntad, pero sé que tarde o temprano se me irá el dedo en un descuido, así que diseño el entorno que favorece que pueda trabajar sin interrupciones.
Qué, cuándo y dónde
Casi todas tus intenciones se quedan en solo eso.
“Quiero entrenar más.”
“Quiero leer más.”
“Quiero comer mejor.”
¿Te suena?
Pues el libro cuenta un estudio que lo explica de maravilla.
Cogieron a un grupo de personas y las dividieron en tres.
Al grupo 1 le pidieron que registrara cuántas veces iba a entrenar.
Al grupo 2 les motivaron e inundaron con información que les hacía entender lo bueno que es el ejercicio para la salud.
Al grupo 3 le pidieron que escribiera el día, la hora y el lugar exactos en los que iba a entrenar la semana siguiente.
Supongo que ya intuyes el resultado, ¿no?
El grupo 3 ganó por goleada.
Cuanto más concreto sea lo que te propones, más probable que pase.
Aprovecha la inercia
Establecer un día, hora y lugar funciona.
Pero hay otras formas de empezar a introducir un hábito nuevo en tu vida: condiciónalo a algo que ya haces cada día de forma automática.
Voy con un ejemplo que ya he puesto varias veces.
Con dos gatos en casa, como se me olvide limpiarles el arenero un día, se lía. Y aquí se juntan varias cosas:
No está en un lugar visible, sino en la galería o terraza
No es algo agradable
Así que cóctel perfecto para que se me olvide.
¿Cómo le estoy poniendo remedio?
Encadenando este hábito a uno que no falla.
Me levanto, enciendo la cafetera para que se caliente y en el tiempo que tarda en hacerse el doble expresso, el arenero está limpio.
Misión cumplida (de momento).
Hasta aquí la edición de hoy.
Ha sido bastante completita, ¿no crees?
Espero que la hayas disfrutado y puedas implementar algo de lo presentado.
Nos quedan un par de ediciones más para dar por finiquitado este primer libro.
Nos leemos la semana que viene.
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Un fuerte abrazo,









Muchas gracias! Me ha encantando y justo estoy tratando de mejorar mis hábitos y mantener mi tiempo con el libro “Make time”
Buen complemento
Cómo de costumbre, todo lo que dices (escribes) es súper interesante. Y muy útil. Gracias por explicarlo de manera tan clara y sencilla. Espero seguir adaptando tus ideas a mi vida. Un abrazo maestro.