Hábitos atómicos (y IV)
La cuarta y última ley: hazlo satisfactorio.
¡Hola hola! 👋
Hoy cerramos la serie de Hábitos Atómicos.
Varias ediciones para destripar uno de los libros que más me han marcado.
Pero antes de meternos de lleno con la última ley, tengo que contarte una cosa.
Y no es de las fáciles, así que voy de frente.
¿Te acuerdas de que hace un mes os hablé de los grandes planes a futuro que tenía para este proyecto por aquí?
Pues no va a haber nada de eso.
Y tú te preguntarás…
¿Por qué?
¿Cómo puedes cambiar de opinión en un mes?
Pues mira, hijo/a. Si no me conoces, soy un tío impulsivo de cojones.
Pillo algo con mucha ilusión, lo exprimo y a la que empieza a funcionar, me planteo si quiero seguir haciéndolo.
Es lo que hay. Es como soy y dudo que a estas alturas vaya a cambiar.
Llegados a este punto, igual consideras que soy un tanto incongruente con lo que predico.
De hecho, en alguna edición pasada remarqué que los hábitos pueden con la motivación. Y eso es así.
Pero hay algo aún más profundo que invalida ese argumento.
Y es que si algo no se alinea con tu identidad, es muy complicado que consigas mantenerlo en el tiempo.
Y ese es el caso.
Sabes que si algo me caracteriza es la honestidad y la transparencia. No me gusta andarme con medias tintas ni edulcorar la realidad.
Podría decirte que este proyecto es la ilusión de mi vida, que sentarme a crear ideas visuales me llena de emoción y muchas otras tonterías.
Pero la realidad es mucho más simple (y cruda).
Sé que lo que hago es diferencial. Que hay poca gente que tenga esta capacidad (aunque me he hartado de decir que lo mío no tiene nada de especial).
Sé, también, que si me forzara a seguir podría hacer de este proyecto algo grande.
Tengo una buena audiencia, estoy creciendo a muy buen ritmo… pero eso no es suficiente.
Retomé este proyecto con una idea clara: hacer que fuese rentable.
Que lo que generase justificara el esfuerzo que le dedico.
Y oye, creo que no tiene nada de malo querer ganarse la vida con lo que uno hace. El que te diga lo contrario, o te miente o es un hipócrita.
El problema es que, cuando lo miro en frío, sacar algo de dinero no es motivo suficiente para dedicarle todas las horas que le dedico.
Horas que inevitablemente salen de otro sitio.
He pasado de entrenar cinco días a la semana a entrenar tres. Porque las otras dos mañanas se las dedicaba a leer y crear ideas visuales.
También a levantarme antes para crear contenido.
A vivir un poco menos para producir un poco más.
Y eso, amigo/a, no me compensa.
Además, creo que ya lo sabes. Pero si no, te lo digo.
En un mes, más o menos, nace nuestra segunda hija.
Y eso, inevitablemente, va a cambiar aún más las cosas a corto plazo.
Así que he tenido que reflexionar sobre qué quiero realmente. Y no es esto.
Entonces… ¿significa eso que desaparezco de nuevo?
Pues no. Tranquilo que no.
Ideas Visuales 💡+✏️ no muere. Se transforma.
Seguiré haciendo lo de hasta ahora. Coger lo que leo y aprendo, destilarlo en una idea y dibujártela.
Pero a partir de ahora irá de la mano de lo que aprendo en Senda.
Ideas para vivir mejor, sobre todo en lo que tiene que ver con el trabajo.
Aprovecho la mención a Senda para dejarte el enlace de nuestra newsletter semanal.
Está feo que sea yo quien lo diga, pero lo que compartimos debería ser de pago.
Entonces, para ir cerrando esta introducción.
¿Cada cuánto me leerás?
No quiero mentirte, pero es obvio que voy a rebajar la cadencia.
Es probable que lo haga cada dos semanas.
El contenido seguirá siendo el mismo, pero ahora las ideas que crearé y compartiré irán más enfocadas al bienestar laboral y personal.
Así que ahora que ya sabes todo, vamos a acabar con esta serie.
La semana pasada cerramos la tercera ley para establecer hábitos: hacerlo sencillo.
Si te la perdiste, la tienes aquí.
Hoy va la cuarta y última: hacerlo satisfactorio.
La ley que explica por qué repetimos lo que repetimos.
Y por qué cuesta tanto sostener justo lo que más nos conviene.
¡Al lío! 💡+✏️
Lo que más satisface a corto plazo
Piensa en cosas que te dan un subidón inmediato de dopamina.
Me apuesto lo que quieras a que escuchar el despertador a las 6 de la mañana o comerte una ensalada de pollo y quinoa no está en tu top 3.
Casi siempre es justo lo contrario.
Los hábitos que más nos convienen apenas dan satisfacción en el momento.
Los que nos hunden, en cambio, saben de maravilla al instante.
Y ahí empieza el lío.
Por qué tu cerebro pide más
Tu cerebro es un órgano realmente simple (dentro de su complejidad).
Para sorpresa de nadie, quiere más de cualquier cosa que le proporciona placer. Y, lógicamente, quiere evitar lo que no se lo da.
Haces algo, sientes placer, y te pide repetirlo.
Así se construye cualquier hábito, bueno o malo.
Lo que se premia, se repite.
Por eso lo que de verdad te conviene hacer cuesta tanto de implementar: si no da placer de entrada, es difícil venderle al cerebro que ha de repetir algo.
Todo se paga, pero no a la vez
La diferencia entre un buen y un mal hábito no está en el placer.
Está en cuándo te toca rendir cuentas.
El mal hábito, en general, te recompensa nada más hacerlo pero lleva la cuenta interna y te la pasa a futuro, en forma de infartito o sobrepeso.
El bueno te obliga a sentir cierta incomodidad en el presente pero a la larga, te paga dividendos.
Entrenar ahora espero que me permita llegar a los 50 años como un chaval y poder entrenar con mis hijas, por ejemplo.
Vivir de pequeñas dosis
En consonancia con dejarse llevar por los malos hábitos, tenemos esta idea.
El problema no es darte un capricho.
Es vivir de ellos.
Ir recogiendo pequeñas dosis de satisfacción inmediata sienta de maravilla, no nos vamos a engañar.
Pero llega un día en el que levantas la cabeza y resulta que todas esas dosis te han llevado a un lugar en el que no quieres estar.
Esto también es progreso
Esta idea ya la hemos tocado más de una vez a lo largo de la serie.
Pero si vuelve es porque es muy importante.
Con los buenos hábitos pasa algo cruel: la recompensa tarda en llegar.
Durante un montón de tiempo parece que no avanzas.
Pero avanzas.
Lo que pasa es que todavía no se nota.
Eso que vives como “no estoy consiguiendo nada” también es progreso.
Solo que el resultado llega más tarde de lo que te gustaría.
Por poco que parezca, todo suma
Y con esta idea, cerramos la edición y la serie.
Es tan sencillo como esto. No hay truca.
La clave no está en hacerlo perfecto. Eso es una utopía.
Lo verdaderamente importante es hacerlo cada día.
Un día. Después otro. Y otro.
Días mejores. Días peores.
Por poco que parezca, todos suman.
Y la constancia, ya lo sabes, no es no fallar nunca. Es volver.
Y hasta aquí hemos llegado, amigos/as.
Gracias por haberme acompañado todas estas semanas. De verdad.
Y recuerda.
Esto no es una despedida. Es un cambio de rumbo.
Las próximas semanas se antojan moviditas, pero no pretendo dejaros huérfanos de ideas visuales.
Prepararé algunas ediciones para ir quitándoos el mono.
Eso sí.
La semana que viene, descanso.
🌱 Si eres un CEO o fundador, o si quieres que tu empresa aprenda a trabajar mejor para vivir mejor, súmate a la newsletter de Senda. Te gustará.
Que tengas un gran día.
Un fuerte abrazo,









Hola Álex,
Te agradezco mucho la transparencia. Como dices que es algo que te caracteriza y que no te gustan las medias tintas, te respondo con la misma honestidad.
Te soy sincero: me decepciona un poco el cambio de rumbo. Te admiraba precisamente por ese proyecto y me había fiado de tu palabra sobre el compromiso con el mismo. Al final, aunque sea algo que haces sin pedir nada a cambio, la falta de constancia hace que uno pierda un poco la confianza en el 'guía', por muy diferencial que sea su talento.
Dicho esto, entiendo perfectamente tus motivos. Una segunda hija y tu propia salud mental están a años luz de importancia frente a cualquier newsletter. Es lógico que hayas decidido 'vivir un poco más y producir un poco menos'.
A partir de ahora, ajustaré mis expectativas: te seguiré leyendo cuando publiques porque me interesa lo que cuentas, pero lo tomaré como un regalo esporádico más que como algo fiable a lo que aferrarme.
Disfruta de ese descanso y que todo vaya genial con el nacimiento de la pequeña. ¡Mucha suerte en Senda!
Es normal, tienes muchas cosas en tu vida, tú haz lo que tengas que hacer. Más bien gracias por, a pesar de tu día a día, dedicar un ratito para compartir tus ideas, que son tan útiles en la vida de los demás. Suerte con todo!! Y aquí seguiré pendiente de lo que vayas poniendo, que seguro será súper interesante. Abrazos.