Hábitos atómicos (III)
La tercera ley: hazlo sencillo.
¡Hola hola! 👋
Aquí seguimos. Tres semanas, tres ediciones.
Casi voy a tener que creerme que esto de los hábitos funciona, oye.
A nivel personal, todo avanza como debería.
Daniela está a poco más de un mes de unirse a la familia. Mi mujer, la pobre, ya está sufriendo el estar metida de lleno en el tercer trimestre del embarazo y la ola de calor que ha azotado Barcelona tampoco ayuda. Así que a tener paciencia y a llevarlo lo mejor posible.
Por otro lado, en Senda las cosas siguen viento en popa.
En estos momentos, estoy ayudando a tres empresas a aprender a trabajar mejor para vivir mejor. Es la hostia sentir que estás teniendo un impacto directo en la vida de otros.
Pero de vuelta a lo que nos reúne por aquí, quiero volver a agradeceros la gran recepción que está teniendo cada una de estas ediciones.
Me da un chute de motivación enorme ver lo bien qué está yendo.
Pero venga. Dejemos los sentimentalismos a parte (por un rato) y sigamos desgranando el libro.
La semana pasada nos metimos de lleno en las dos primeras leyes para construir buenos hábitos.
Hacerlos obvios y hacerlos atractivos.
Si te perdiste cualquiera de las ediciones anteriores, las tienes aquí y aquí.
La idea era cubrir las dos leyes pendientes en esta edición, pero la verdad es que se me ha ido de las manos y la tercera ley, hacerlo sencillo, tiene mucha chicha que cubrir.
Así que cambiamos el planning y os lleváis una edición extra. Por la cara.
La tercera ley habla de cómo propiciar un entorno favorable, de cómo ponértelo fácil.
Si quieres que una conducta se repita, haz lo posible para que sea lo más sencillo posible repetirla.
Venga.
¡Al lío! 💡+✏️
No todo es blanco y negro
El ser humano es un animal de extremos.
Estamos acostumbrados a un pensamiento dicotómico: o todo o nada.
O voy con to’ o pa’ quedarme a medias, ni empiezo.
Y eso, amigo/a, me temo que es una actitud equivocada. Te guste o no.
Yo estoy aquí para decirte cosas que te incomoden.
En la vida, rara vez algo es “todo o nada”.
Entre no hacer nada y hacerlo perfecto hay un montón de puntos intermedios, y todos son mejores que quedarte parado, esperando el momento o la situación perfecta.
Lo perfecto es enemigo de lo bueno.
Empieza. Como sea, pero empieza.
Esta idea va bastante relacionada con la anterior.
Y es otro de los grandes problemas en los que yo he caído (y sigo cayendo) una y otra vez.
Agárrate, que esta pega duro.
No tienes que hacerlo perfecto de inicio. A menudo, es más que suficiente con simplemente hacerlo.
Esa primera vez, casi siempre, va a ser una porquería. No estará a la altura de tus estándares. Pero por algo has se empieza.
Lo que es seguro es que si no te das el permiso a empezar haciendo cosas de mierda, dudo mucho que llegues a hacer algo que valga la pena.
Los primeros entrenos en el gimnasio suelen ser muy incómodos. Vas más perdido que un pulpo en un garaje.
Pero son necesarios para coger sensaciones. Para familiarizarte con el entorno. Para ver qué máquinas te gustan y cuáles no quieres tocar ni con un palo.
Itera. Luego, automatiza.
Un hábito es una conducta que, en base a repetir una y otra vez, acabas prácticamente automatizando.
Pero sería inocente pensar que puedes llegar a ese nivel haciendo algo 3 o 4 veces.
Se requieren muuuuchas iteraciones para que el cerebro se ponga en modo automático.
Piensa en tu rutina de inicio de día.
Es muy probable que los primeros minutos desde que te levantas sean prácticamente calcados.
Te suena el despertador. Te resistes a levantarte hasta que suena el despertador por segunda vez. Coges el móvil, maldiciendo ese cacharro que te ha jodido el sueño.
Ya que lo tienes en la mano, repasas la actualidad.
Un tour rápido por Instagram, Twitter y TikTok.
Miras el reloj.
Te das cuenta de que vas tarde y te cagas en todo.
Enciendes la cafetera.
Vas al lavabo, te lavas la cara y vuelves a la cocina...
En fin, que me alargo, pero creo que me entiendes, ¿no?
Todas y cada una de esas acciones que he descrito te salen por defecto.
Se encadenan una tras otra en base a repetirlas día tras día.
Sabiendo esto, y si tienes la intención de implementar un nuevo hábito, piensa a largo plazo.
Baja la cabeza, ejecuta y suma un día al contador.
Así, hasta que te salga por defecto.
La ley del mínimo esfuerzo
En esta idea no voy a tener que pararme demasiado a explicarlo.
Estoy seguro de que a lo largo de tu vida te han dicho esta frase más de una vez.
Ya sean tus padres, tus profesores...
Pero la ley del mínimo esfuerzo es algo innato al ser humano.
Entre dos opciones, siempre vamos a escoger la que menos nos cueste.
Así que sabiendo esto, aprovéchate de ello.
Y lo conecto con la primera idea de esta edición.
Si hay un día en el que te fallan las fuerzas o las ganas, piensa en la versión más pequeñita del hábito que quieres hacer.
¿Te has propuesto leer un capítulo diario de un libro y hoy no te apetece?
Pues proponte leer solo una página.
Es posible que una vez la hayas acabado, te apetezca seguir un poco más.
O no. Pero ya has hecho algo.
Poco a poco
Vamos con la última idea visual de la edición y una de mis favoritas.
De nuevo, está muy relacionada con la anterior.
La forma más directa de bajar el esfuerzo es lo que comentábamos. Buscar la versión más pequeña del hábito y empezar por ahí.
¿Por qué te lo repito?
Porque nos cuesta mucho aceptar que para conseguir algo grande y que valga la pena, hemos de empezar por algo minúsculo, coger tracción y con tiempo y práctica, conseguir lo que nos proponemos.
Pues hasta aquí la edición.
Ya van 3 leyes.
La semana que viene cerramos con la cuarta: hacerlo satisfactorio. Lo que hace que quieras repetir una conducta.
Tras esta, solo faltará la última edición: tácticas avanzadas para implementar hábitos.
Como siempre, muchas gracias por leerme.
Hasta la semana que viene, queridos/as.
💌 Si quieres adaptar mis ideas visuales a tu marca o empresa, escríbeme a hola@alexmaese.com.
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Escríbeme y lo hablamos. Igual podemos trabajar juntos.
Un fuerte abrazo,








Un superresumen de tu resumen: «Avanza poco a poco. Disfrútalo. Síguele y lograrás mucho».
Y ya.
😉
¡Excelente, Alex! Es un placer leer este artículo pues lo explicas muy fácil. Gracias por compartirlo 👏